Capitulo 2

Los catorce metros de eslora del modelo Atlantis 42, le hacían el barco ideal para pequeñas excursiones y no se podía quejar del trabajo, muchos turistas le contrataban para pequeños paseos por la costa, las leyendas de muerte, naufragios y contrabandistas en la Costa de la Muerte, siempre atrae a personas. Desde que el maremoto había ocurrido, no se movía de su barco, los daños no eran muchos, pero una buena limpieza le haría falta. Suso no era lo que se podría decir un hombre muy risueño, ese barco era su única pertenencia, y perderlo lo hubiera dejado sin su medio de vida.
Las hora transcurren lentas, pero poco a poco, el barco iba sacando sus mejores galas, aunque la parte de limpieza de los sofás de piel le tenia preocupado; no tenia ni idea de como hacerlo o que producto usar, de esa parte se encargaba una anciana, a la que por 200 euros le limpiaba todo el interior cada vez que llegaba al pequeño pueblo de Camariñas. La viuda que había perdido hacia ya años a su marido y a su hijo en el mar, era su único medio de supervivencia; la limpieza del Leviathan. Suso se reía pensando en todas la broncas que le caen por elegir ese nombre para el barco, las ancianas gallegas eran muy supersticiosas y el nombre de una criatura diabólica no era lo mejor para esas latitudes. ¿Que habría sido de ella?, le asustaba pensar que la anciana hubiera muerto. En cuanto pudiera saldría para allí, aunque tal como estaba el puerto de La Coruña, la cosa llevaría su tiempo. Escucho unos tacones por la pasarela de madera que daba acceso a la embarcación, giro la cabeza y allí la vio, unas botas con unos tacones demasiados altos para un lugar como este, pensó Suso. El vestido le llegaba por la rodilla, el joven se imagino como seria por arriba, pero con la cazadora ribeteada en piel que llevaba se le hizo imposible saberlo, con el pelo recogido en una cola, la bella mujer se dirigió con paso firme hacia donde Suso la observaba.
- ¿Jesús Alpuente?, pregunto la joven.
- Ese era mi padre, yo soy Suso. Respondió volviendo a las tareas de la limpieza.
- Necesito que me lleve en su barco Suso.
- ¿Esta de coña?, acaso no ve todo lo que ha ocurrido. Los muertos, los destrozos en la ciudad..., Suso la miro directamente a los ojos, y descubría en ellos un azul intenso, ese azul del mar cuando se refleja en ellos los rayos del sol.
- Mire Suso, he preguntado quien seria capaz de salir ahora mismo en la cafetería del Puerto, y me han respondido que solo usted se atreverá a salir...
- ¿Y que más le han dicho de mi?, le corto Suso, que me vendo por unos cuantos billetes, Señorita eso fue hace ya mucho tiempo; mi padre era el contrabandista no yo.
- Mire le ofrezco lo que me pida, tengo dinero pero necesito salir de aquí, no tengo noticias de mi padre, y las comunicaciones no funcionan, las carreteras están cortadas, y los teléfonos e Internet tampoco, la mirada de desesperación de la joven era evidente, no le mentía.
- ¿A donde quiere ir?, si se puede saber. Suso cada vez estaba más seguro que hoy tendría que salir al mar.
- ¿Me llevara entonces?
- Primero digame a donde va, y luego decidiré si la llevo o no.
- Necesito que me lleve a Camariñas.
- Bien suba la llevare, no me ha dicho su nombre ni por que tiene que ir en este preciso momento.
- Me llamo Eva Bandrés y necesito ir, por que no se nada de mi padre desde que ocurrió el tsunami, es la única familia que me queda, y esta en Camariñas.
- Venga suba, aun tenemos para una hora antes de salir, ya ve que el barco se salvo por poco, pero no es precisamente ahora mismo una embarcación digna para nadie, señorita Bandrés
- No se preocupe, no es un viaje de placer, y aunque le parezca lo contrario me amoldo a todas las situaciones y por favor llámame Eva, respondió la joven ya más tranquila.
- Bien Eva, si quiere puede dejar el bolso en el camarote de proa, respondió Suso con una sonrisa, esta bastante adecentado para las circunstancias y si quiere hay algo de beber en la nevera, no se preocupe todo lo he traído hoy.
- Gracias Suso.
Al cabo de una hora estaban listos, solo quedaba sortear la prohibicion de la Autoridad Portuaria de zarpar a todo lo que no fueran servicios de emergencia. Suso, tampoco es que le preocupara mucho, los problemas eran constantes por recoger turistas fuera de los lugares establecidos, y las sanciones se le acumulaban en el escritorio. Los dos motores diesel Volvo D6 EDC 310, rugieron cuando los puso en marcha; lentamente soltó los amarres a tierra firme y dejo que Leviathan fuese lentamente para atrás, vio correr a varios vigilantes gritando que parara. El barco con sus lineas estilizadas fue girando hasta poner la proa mirando a la ría coruñesa, los motores volvieron a rugir esta vez con más fuerza cuando la mano de Suso abrió gas, la proa se levanto y la columna de agua que dejo detrás hizo que los vigilantes de seguridad cayendo por el otro lado del pantalan. Eva se encontraba a su lado riendo por la situación.
- Siento que vayas a tener problemas por mi culpa, te lo compensare Suso, pagare todo lo que haga falta y asumiré todas las culpas ante las autoridades.
- No te preocupes, de todas maneras, si no era hoy en los próximos días tenia pensado ir hacia Camariñas, yo tambien tengo allí intereses, no familiares pero casi. ¿Te puedo preguntar algo?.
- Claro hombre, es tu barco, sonrió Eva.
Le gustaba la sonrisa de la joven, era muy natural y sincera, no como las de muchas personas que solo por caer bien te dejaban caer una sonrisa forzada, que lo único que conseguía era deformar la cara. La de Eva no era una sonrisa que salia de dentro.

-Me suena tu apellido, Bandrés, pero ahora mismo no caigo de que.

- Tu no ves mucho la televisión, ni compras muchos periódicos, ¿verdad?.

- No la verdad es que aborrezco la televisión y casi no la veo.

- Mi padre es el accionista mayoritario de la petrolera Conf y yo soy su hija, como dicen en los programas rosas, la París Hilton española.

- Venga ya ¿En serio?, la cara de Suso reflejaba el asombro de saberse con la hija del hombre más rico de España y del mundo. ¿Y con todo el dinero que tiene tu padre por que me buscaste a mi para llevarte?.

- No se nada de mi padre desde hace tres días, y en la compañía hay demasiado intereses por hacerse con su paquete accionarial. Yo para ellos soy la niña pija, que va de fiesta en fiesta gastando en vestidos. Realmente no tengo a nadie de confianza, todo el mundo se piensa que con tener dinero lo posees todo; mi padre me enseño desde niña que el dinero no da la amistad, ni la confianza, por eso acudí a un desconocido; no me fío de nadie de mi entorno.

- Bueno esta bien, vamos a poner rumbo a Camariñas, a toda maquina son tres horas de viaje.

 

 

Puso el barco en piloto automático una vez que salieron de la ría coruñesa, 22 nudos a la hora supondrían cuatro horas de viaje, pero el apetito comenzaba hacer mella, eran las cuatro de la tarde y desde el café de la mañana no le había metido nada al cuerpo. Los jóvenes se sentaron en la mesa de cockpit, para comer los sandwiches que Suso había traido antes de zarpar. Observaba a la joven, era hermosa, el pelo ahora suelto le caiga sobre uno de los hombros que dejaba al descubierto el vestido que tanto le costara imaginar, el color crema de la prenda dejaba ver un moreno de hacia a sus ojos brillar con más belleza todavía. No lo podría negar, la mujer encandilaba a cualquiera. Seguramente entre su dinero y su belleza los moscones no la dejarán tranquila, pero no demostraba ser la típica niña rica, la seguridad de sus palabras y sus actos rebelaban en ella algo más. Eva levanto la vista, y vio a Suso que la miraba.

 

- Si ya se que el atuendo no es lo mejor para las circunstancias, pero tampoco confiaba en tener suerte para que alguien me llevara.

- No.. si la verdad es que te queda muy bien... quiero decir que... Te dejo voy arriba a ver que todo va bien y que el rumbo es el correcto. Suso visiblemente nervioso se levanto con el sandwich en la mano, saliendo a la cubierta superio maldiciendo entre los dientes su estupidez y nerviosismo.

- Mira que eres tonto, ponerte nervioso delante de una mujer a la que acabas de conocer, es que eres idiota macho..., y para arreglarlo hablo solo, hay que joderse.
Miro para la costa y donde antes se avistaba el faro que marcaba Cabo Vilán no vio nada, sus 125 metros de alto que eran la visión de la luz salvadora a muchos barcos que surcaban aquellos mares, los 55 kilómetros que alcanzaba su luz, no estaba. La imagen que muchos marineros buscaban en las oscuras noches de tormenta que azotaban aquellas costas, pero el faro no se veía. Cuando viro a babor para encarar la entrada de la ría miro las rocas donde se situaba el faro y lo que vio fue unas rocas arrancadas de cuajo, sabia en con temporales de mucha marea, las olas llegaban a sobrepasar todo el faro pro completo cuando golpeaban en la escarpada costa, la fuerza de lo que golpeo tenia que ser descomunal.
Las imagenes del puerto y del pueblo de Muxia eran dantescas, la península donde se asentaba el pueblo había desaparecido casi en su totalidad, y las casas estaban destruidas, las personas buscaban entre los restos a sus seres queridos, con la mirada baja y en sus ojos apenas un halo de vida o esperanza, todo era tristeza. Los escasos medios con los que contaban era un tractor y una pequeña maquina paleadora que no era suficiente como para llegar a todas las casas.Eva, subía a la cubierta superior, ataviada con un chandal que una pareja se había olvidado hacia ya varias semanas a bordo, lo encontrara rebuscando entre los armarios de barco. En ese momento la cara le cambio cuando miro hacia donde los ojos de Suso se mantenían clavados.
- ¡Dios mio!...
- No creo que Dios tenga nada que ver con esto, Eva.
- Tenemos que ayudarles Suso, tenemos que ir al...
- ¿Y como sugieres que les ayudemos? En el botiquín hay una venda, una pomada para los golpes y unas cuantas tiritas, además en Camariñas puede que tambien necesiten ayuda y es alli a donde vamos, a buscar a tu padre Eva. Además no creo que fuésemos de mucha ayuda ahora mismo, si te fijas hasta el santuario de la Virgen de la Barca ha desaparecido, ahora solo hay una pequeña roca donde antes era una península.
Suso continuo con el corto trayecto que les separaba de Camariñas, le dolió no poder ayudar a las personas que rebuscaban entre los escombros, pero ahora lo prioritario para ellos era llegar a su destino, el desasosiego era cada vez mayor, y la incertidumbre de con que se encontrarían en su destino les angustiaba cada vez más. Por fin comenzaban a ver lo que días antes era el dique de abrigo del puerto camariñan, ahora solo trozos dispersos de roca y hormigón, ríos del agua que habían envuelto todo corrían ladera abajo, a pesar de que ya habían transcurrido tres días de la tragedia, las imagenes de la desolación y destrucción eran horribles, Suso vio el lugar donde se situaba la Lonja totalmente arrasado, lo único que alli observaba eran toneladas de barro y piedras, pero nada que se asemejara a una construcción fabricada por el hombre, las casas que antes se erigían orgullosas saludando a sus marineros que llegaban a casa después de largas y duras jornadas en el mar, eran solo un remolino de cascajos y ladrillos diseminados por doquier.
Las caras de los dos jóvenes reflejaban la tragedia que los habitantes tenían que haber sufrido. Unas lágrimas comenzaron asomar por el bello rostro de Eva, la visión del antes bonito pueblo marinero de la costa gallega, y convertido en un lugar desolado y triste, el pensamiento de su padre le llenaba de miedo.
- No te preocupes Eva, seguro que tu padre esta bien.
- ¿Tu crees Suso?, mira todo esto bien, ¿quién podría sobrevivir a tanta destrucción?
Suso calló y comenzo las tareas para atracar el barco, lentamente se acerco a unas rocas, parando motores y botando el ancla, bajaron a tierra. Un anciano sentado cerca de donde estaban, observaba hipnotizado el mar, unos ojos que apenas parpadeaban miraban un horizonte que antaño les trajera comida y trabajo, y que ahora se presentara con muerte y horror.
- ¡Antón! ¡Antón!, soy yo Suso, Antón ¿donde esta Mariana Antón? Unas palabras que apenas eran un pequeño susurro salieron de la boca del anciano, sus labios sin apenas movimiento, lanzaban un susurro y una advertencia.
- Leviathan, Leviathan, mi abuelo tenia razón, Leviathan. Suso miro a su amigo, no entendía nada, de lo que el viejo marinero le decía, o susurraba al aire.
- Suso, ¿que dice?, preguntaba una asustada Eva.
- Nada no te preocupes, son divagaciones de un viejo asustado por todo esto. Sigamos en busca de tu padre.
Iniciaron la marcha, hacia lo que días atrás había sido el pueblo, en ese momento, Antón se puso de pie y agarrando fuertemente a Suso por el brazo, impidiéndole continuar la marcha.
- Suso, hijo mio, no son las palabras de un viejo loco, lo he visto; Leviathan se presento aquí y lo destruyo todo, hazme caso, marcha de aquí, vete tierra adentro lejos del mar; las aguas que antes nos daban vida, nos traen a todos muerte y desolación. ¡Huye!

- ¿Que es un Leviathan?, siempre he creído que eso eran leyendas o cuentos.
- Y lo son Eva, hay muchas interpretaciones sobre lo que es un Leviathan. El problema es que las personas dejan volar demasiado la imaginación y ante cualquier situación que les sobrepasa tendemos a echarle la culpa a Dios o a causas sobrenaturales.
Eva mirando a los ojos a Suso, se dio cuenta, que intentaba tranquilizarla, pero que las palabras del viejo le habían dejado preocupado.
- Suso soy ya mayorcita, no creo que por que me cuentes algo sobre la leyenda del Leviathan me vaya a preocupar o a ponerme más nerviosa de lo que lo estoy ahora mismo. Además hablar seguro que nos tranquiliza a los dos.
- Esta bien, cuando tienes razón, no se te puede quitar, te diré lo que se sobre Leviathan, que tampoco es mucho que se diga. Hay diversas historias o teorías sobre lo que es, todos están de acuerdo que era un monstruo, se le nombra en el Antiguo Testamento y en el Talmud, no recuerdo donde exactamente, por un lado se cree que puede tener forma de una serpiente marina gigantesca, o ser un dragón marino, como en todo las teorías las tiene todo el mundo...
- ¿Pero de donde salio Suso?, le pregunto una cada vez más interesada Eva.
- Sobre eso tampoco hay un criterio único, que si lo creo Dios, o es una creación de Satanás, que si es simplemente el primer diablo que se presentara para el fin del mundo, hay teorías de todos los gustos, y como quedan pocos meses para la llegada del 2012, imaginate los iluminado y las teorías mayas cobran fuerza cada día que fuerza y ahora esto, pues alguno va hacer su agosto con todo esta desgracia.
- No eres tu muy creyente en nada, Suso. Arremetes a todo.
- No es cuestión de creer o no, Eva; es cuestión que hay ciertas cosas que ocurren por que tienen que ocurrir, mira te contare una de las teorías del Leviathan, me la contó mi padre de niño, paree ser que Santo Tomas de Aquino dijo de el que era el demonio de la envidia y el primer diablo destinado a castigar a los pecadores correspondientes. Vamos, que el tío se lucio. Pero hay personas que lo creen y yo respeto sus creencias, nada más; nadie me tiene que decir en lo que creer.
- ¿Estas preocupado verdad?, esas palabras del viejo te han preocupado más aun y no lo puedes disimular.
- No se te escapa una ¿verdad?, la sonrisa apareció en la cara del joven, contagiando a la mujer que rápidamente soltó una risotada. Estaban ya cerca de donde debe estar situado el Ayuntamiento, pero la plaza solo tenia cascotes y destrucción, una persona recogía unas ropas y sin mirar atrás salio corriendo en cuanto les vio. Apenas se veía a nadie, con esa mujer eran cuatro las personas que habían observado y la única que no había escapado a su presencia era Antón. Suso corrió hacia una casa situada a la derecha de lo que algún día fuera la fachada municipal, solo quedaba en pie una pared de unos dos metros de alto, con fuerza se tiro encima de los escombros y comenzo apartar todas las piedras y cascotes que encontraba a su paso; el miedo y la preocupación habían dejado paso a la desesperación, la casa de Carmen, la anciana que le limpiaba el barco estaba destruida y algo le decía que ella se encontraba alli. Eva se acerco, y sin decir nada se limito a ayudarle en el trabajo de limpiar los escombros, "Donde estará la ayuda del Gobierno, ni militares, ni policía, ni Cruz Roja, nadie no se había presentado nadie desde la catástrofe los habían abandonado a su suerte", pensaba Eva a cada ladrillo que apartaba hacia un lado. Cuando lo vio no pudo reprimir un grito, Suso de un salto se presento a su lado y le vio, el brazo de la anciana apareció justo en el lugar donde antes se situara Eva, esta apartada dos metros solo era capaz de llorar.
Poco a poco, fue dejando al descubierto el cuerpo sin vida de la anciana, hasta que por fin pudo cogerlo entre sus brazos para que las lágrimas fuesen resbalando desde sus mejillas a la vieja cara arrugada, Suso que en su vida había rezado, solo pedía que no hubiera sufrido; era su única familia y ahora ya no estaba.
- Eva la voy a enterrar, ¿me esperas aquí?.
- No Suso, iré contigo te ayudare en lo que pueda, al momento se paso la manga por la nariz , procurándose sobreponerse a la situación, era una mujer fuerte a pesar de su juventud.
- Bien, iremos al cementerio y la enterraremos al lado de su marido, es lo que hubiese deseado. Trae esa sabana, la taparemos con ella. Buscare algo para llevarla hasta allí.
Con una carretilla, llevaron a la anciana hasta la tumba de su marido, para dejarla allí al lado del hombre con el que había estado casada más de 60 años. Suso no pudo reprimir las lágrimas cuando con la última palada de tierra, se dio la vuelta y miro para Eva, esta le abrazo para consolarlo y a su vez comenzo a llora, los dos arrodillados uno enfrente al otro, dejaban salir todo el dolor que tenían dentro. Eva pensaba en su padre y en si estaría vivo o muerto, eso le mortificaba y sentía como un puñal se le estaba clavando lentamente, al no saber el destino de su padre. Que le hubiese lo mismo que a Carmen le aprisionaba el corazón.
- Vamos Eva, es hora de encontrar a tu padre. Hay que seguir, no pararemos hasta encontrarle,vamos.
Al otro lado del mundo otro joven, junto a dos tigres entraba en un viejo monasterio tibetano. Badoer había decidido abandonar la vigilancia del grupo armado y decidió ir al valle donde sabía que se situaba un viejo monasterio tibetano. Con un ojo a sus espaldas, no dejara de observar al grupo de hombres armados que en la entrada del valle estaban situados. La montaña sagrada, era cada vez más impresionante, y aunque no entrañaba mucha dificultad su escalada, le atraía el por que nadie lo había intentado. Justo pasada la puerta del monasterio, un joven monje vio a los tigres y tirándose al suelo, comenzo a rezar unas plegarias. Badoer en absoluto lo veía asustado o temeroso de los tigres, y estés tampoco parecían muy sorprendidos de lo que ocurría con el monje, una puerta se abre al fondo y salio otro monje de avanzada edad, haciendo un gesto de saludo y bienvenida, invitando a pasar a los tigres y al joven.
Badoer observo que los tigres avanzaban en dirección a la puerta y decidido seguirlos, nada más pasar la puerta le pareció entrar en otro mundo; al fondo vio a un anciano recostado en una cama y reconoció a su abuelo.
- ¡Abuelo!, el grito saliendo del alma, hizo que el anciano se girara en dirección a la voz, y una sonrisa surgió en su cara.
- Por fin, ya estáis aquí, os esperaba hacía tiempo.

- ¡Abuelo!, ¡Abuelo!, creía que ya no te encontraría nunca, me tenías preocupado y...  

 

Justo en ese momento los dos tigres se pusieron delante de Badoer impidiendo que se acercarse más a su abuelo, la brusca parada de los tigres hizo perder el equilibrio al joven, que tuvo que poner una mano al suelo para no caer de bruces.

 

- ¿Pero que demonios hacéis?, ¿os habéis vuelto locos?, dejarme pasar; es mi abuelo o no lo veis, para esto he viajado hasta aquí para encontrarle.

 

Oro y Azul, miraron a los ojos de Badoer, y este entendió que no le dejarían pasar; algo ocurría y solamente los tigres se habían dado cuenta. Una luz blanca comenzo a iluminar la habitación, obligando a Badoer a llevarse las manos a los ojos y a cerrar estés, por el extraordinario brillo que subía a cada segundo de intensidad. La voz de su abuelo, resonaba en su cabeza como si le estuviese hablando a menos de un metro, era una voz clara y cristalina, sin el eco con la que había resonado la suya, momentos antes.

 

- Hijo mio, no te preocupes; los tigres saben bien lo que hacen; ellos te protegerán y tu debes protegerlos a ellos, son la clave para esta guerra que se avecina. Yo ya no podre verte más, pero siempre estaré a tu lado, guiate por tu corazón, no siempre el camino más recto sera el indicado, estarás obligado a realizar cosas horribles, pero todo tendrá su explicación. No te preocupes por mi estaré bien, y observare a mi nieto como encuentra su destino, para el que lleva años preparándose y para el que fue elegido. Tus amigos te serán de utilidad cuando llegue la ocasión, recuerda que un hombre puede convocar el futuro y el destino lo marcas tu y nadie más que tu.

- ¿Abuelo?...  

 

La luz ceso, volviendo la oscuridad, pero Badoer ya no se encontraba en la habitación donde había visto a su abuelo, los tigres seguían a su lado, y el viejo monje se le acerco, cogiéndole por el brazo.

 

- Vamos es la hora, le dijo en monje en un perfecto español, tienes que prepararte, tu abuelo lo dejo todo preparado para tu llegada.

- ¿Ha.. hablas, mi idioma?, un aturdido Badoer, que apenas si era capaz de articular palabra alguna, se dejo guiar por el anciano, mi abuelo ¿a donde...?, balbuceo a dura penas.

- Tranquilo las preguntas a su tiempo, ahora lo que necesitas es descansar, luego responderé a lo que pueda o sepa, una sonrisa le surcaba la cara, dándole un aspecto de más edad, marcando las arrugas de su tez muchisimo más de lo habitual. Badoer poco a poco iba recuperando la compostura y el dominio sobre si mismo, y miro a su alrededor comprendiendo que el viejo monasterio a la entrada del monte Kailash había desaparecido, y en su lugar un palacio lleno de vida y coronado en el cielo por un azul donde brillaba el sol más reluciente que recordaba se abría a sus ojos. La piedra con que había sido construido fue tallada por grandes artesanos, y diversas palabras en Sánscrito, se mezclaban con palabras o símbolos que desconocía. En el patio, por el que atravesaban los monjes se tumbaban al paso de los tigres, rezando, no existía el miedo y si un respeto por ellos. Oro y Azul, uno a cada lado de Badoer, no parecían hacer mucho caso a los monjes, como si todo fuese algo normal para ellos, o no les importase en absoluto. La estancia que les ofrecieron era amplia y confortable, una gran ventana daba al exterior dejando entrar una gran cantidad de luz.

 

- En la estancia de al lado tienes un bañera para que te puedas dar un baño, el agua procede de unas termas que están situadas justo debajo del Palacio, y seguro que te relajan después de tan largo trayecto. Por los tigres no te preocupes, son libres de ir y venir cuanto les apetezca, hay comida para ellos y agua, nadie os molestara. Cuando descanses, volveré, hablaremos e intentare explicarte lo que ocurre o esta por ocurrir.

- Gracias, muchas gracias por todo; pero no creo que pueda dormir o descansar, tengo muchas preguntas y hasta ahora ninguna respuesta, respondió Badoer.

- Por favor, tu por al menos intentalo. Hará falta que te encuentres bien, como te dijo tu abuelo, un hombre puede convocar el futuro. Sin dar tiempo a ninguna pregunta o cuestión, el monje se inclino, retirándose a continuación. Los tigres tumbados cerca de la cama, se encontraban totalmente dormidos, Badoer se acerco a la gran ventana e intento sacar la cabeza fuera pero una extraña fuerza se lo impido. Miro para abajo y se le vino a la cabeza un terreno ya conocido.

- Venga, esto debe ser una ilusión, es imposible lo que estoy viendo debe de ser una broma.

 

Lo que Badoer veía no era otra cosa que el valle que llevaba hasta el monte Kailash, y eso significaba que el se encontraba dentro de la montaña, situado a más de seis mil metros de altura. Se acerco a su mochila y saco sus prismáticos, para ver donde se situaba el grupo armado. Pudo verlos en el mismo sitio donde los viera la primera vez, entre los lagos Mana Sarovar y Rakshas Tal. El que los guiaba miro hacía el monte y justo para donde estaba Badoer, parecía que supiera que estaba allí, pero la distancia era tanta que era humanamente imposible que eso sucediera. Un escalofrío de que realmente le estuviera observando recorrió la espalda del joven y en un acto reflejo se separo de la ventana, realmente sabría que estaba allí. ¿Quién sería ese extraño hombre?.

Después del relajante baño, aunque por más que miro y rebusco, le fue imposible saber por donde entraba el agua y por donde volvía a irse. Pronto descubrió músculos olvidados, que por el dolor que le causaban no sabía que aún siguieran ahí, el viaje ya comenzaba a pasar su factura; y lo único que se le ocurría era tirarse en la cama, Oro abriendo un ojo y ronroneando como un gato domestico, dio su visto bueno y continuo con su sueño. No tardo Badoer más de cinco minutos en quedarse dormido, a pesar de que las preguntas se le arremolinaban en la cabeza. Cuando abrió de nuevo estaba se encontraba en plena forma, el sueño aunque le costara reconocerlo al monje había sido reparador, estirándose encajo los huesos que con unos ligeros iban poniéndose en su lugar; los tigres no estaban en la habitación pero seguro que no estarían muy lejos. La limpieza que tanto le llamara la atención cuando entrara seguía estando presente, ni una mota de polvo, ni nada desgastado; todo parecía nuevo y no aparentaba  los miles de años que seguramente tendría todo aquello. Vio una jarra de agua y se sirvió un trago.

 

- Veo que por fin has despertado, le dijo el viejo monje entrando justo en ese momento.

- ¿Por fin?, respondió Badoer, con una sonrisa.

- Si, desde nuestra última conversación han pasado dos días, cuarenta horas para ser precisos.

- Eso es imposible, jamas podría dormir tanto. La cara del joven reflejaba la sorpresa por la afirmación del monje.

- Ya te dije que el agua tenia dotes relajantes. Badoer se vistiéndose a la par que hablaba con el anciano, miraba para sus ropas que habían sido lavadas y casi parecían recien compradas, ni roto se veía en el pantalón o la camisa. La temperatura en torno a los 21 grados le invito a dejar toda la ropa de abrigo en la habitación.

- Si, pero eso no son dotes relajantes, casi son dotes somníferas, pero no se puede negar que le deja a uno en plena forma.

- Si estas listo, podemos ir a dar un paseo y charlar, seguro que ya tienes ganas.

- En eso no te equivocas, sonrió Badoer, pero lo primero es lo primero, no se ni como te llamas, y eso es importante.

- Me puedes llamar Iuduan, Dani, el anciano se inclino levemente a saludar a uno de los jóvenes monjes que en ese instante pasaba por delante de la puerta. - ¿Por que lleva esa lanza un monje?, pregunto un extrañado Badoer

- No es una lanza, más bien se asemeja a una alabarda, se llama Naginata. Como sabrás en las distintas escuelas de budismo además de la meditación, tambien entrenamos el cuerpo. Esa es nuestra arma defensiva, no todas las criaturas de este mundo pertenecen al bien, como puedes imaginar Dani.

- Llámame Badoer, Iuduan, por favor lo prefiero a mi nombre.

- Como tu quieras Badoer.

 

El  joven monje se acerco y dejo que Badoer cogiera su Naginata, mientras Iuduan continuaba explicándole la utilizada del arma o de sus partes.

- El palo o Bo, puede medir entre 6 o 9 pies, (de 1.82 a 2.74 metros) y se remata con la  hoja como puedes observa solo tiene filo por un lado, pero que corta tanto como una hoja de afeitar, esta mide entre uno y dos pies (03. a 0.60 cms.); si el que la sostiene es diestro en su manejo puede ser un arma terrible; nosotros llevamos siglos practicando su arte, lo importamos de nuestros hermanos los Sohei, los monje budistas de Japón, que a su vez importaron esta arma del Hoko, probablemente la primera que se creara no fuera más que una espada pegada a un palo.  

 

Badoer devolvió el arma al monje, y saludando respetuosamente inicio el paseo con Iuduan; a lo lejos creyó ver a Oro, subido a una roca tumbado observando como a los monjes en sus practicas con la Naginata, del que no había ni rastro era de Azul.

 

- No te preocupes por ellos, no les pasara nada; además nadie se atrevería hacer daño a los hijos de Bai Hu, y no creo que ellos se dejasen tampoco, la sonrisa del anciano reflejaba la paz que corría por aquel Palacio. El correr de las brisa parecia que se tornara en una música, al roce con las paredes repletas de jeroglíficos y bellos relieves. Unas voces como de jóvenes mujeres, llegaban a su oído dando paso a un sentimiento de paz y sosiego como jamas había tenido Badoer. A su mente acudieron los recuerdos de soldado en Afganistan, la imagenes de los muertos en Afganistan, y recuerdos escondidos en lo profundo de su alma. El monje, poniendo su mano en su hombro y mirándole a los ojos, asintió y la pesada carga que durante años el joven había llevado fue aliviada.

 

- ¿Tu...? Tu sabes lo que he hecho ¿verdad?. El anciano sostuvo su mirada, no lo se, pero no creo que debas cargar tu con la culpa de muchos. Si tu no te perdonas a ti mismo, nadie lo hará por ti.

- No puedo perdonarme Iuduan, he matado a muchas personas, a muchos inocentes y eso no podre olvidarlo jamas, Badoer avergonzado por su confesión bajo la vista hacía el suelo.

- Seguramente sea así mi joven amigo, pero siempre hay ocasiones para reparar nuestros errores o para intentarlo y que esas muertes no fuesen de baldías. Pero dejemos este tema de momento, y hablemos de lo que te ha traido a estas regiones.

- Mi abuelo me trajo aquí, pero realmente no se por que, ni para que.

- Tu abuelo, siguió la tradición de vuestra familia, desde hace muchos siglos siempre han protegido esta montaña y su contenido. Jamas ha sido escalada, a pesar de que muchos han pedido permiso para hacerlo, según la leyenda aquí habita el dios Shivá y muchos peregrinan para pedir sus favores...

- ¿No seras tu Shivá, no Iuduan?, pregunto riendo Badoer.

- No, no lo soy, puedes estar tranquilo, solo soy un viejo monje.

- Pero este palacio no se ve, o nadie lo conoce. no existen datos sobre vuestra ubicación o existencia.

 - Bueno, no es que seamos desconocidos, hay ciertas personas que si conocen nuestra existencia, pero la gran mayoría de los humanos si es cierto que nos han olvidado, la modernidad es lo que tiene.

- Los hombres que hay abajo, a la entrada del valle, sobretodo hay uno que... - Ten cuidado con él, es peligroso se llama Gong Gong; es un demonio maligno.

- ¿Demonio maligno?, ¿de que hablas Iuduan?.

- Siempre ha existido una lucha entre la mal y el bien, entre el odio y el amor, justicia e injusticia, el Ying y el Yang, como vosotros lo conocéis. Asi siempre han existido guardianes que velaban para que ese equilibrio no se rompiese, cada vez que se ha roto la humanidad ha corrido grandes riesgos, la II Guerra Mundial, Corea, Vietnam, Afganistan, Irak, todas las guerras son debido ha que la balanza se ha inclinado del lado del mal. Las fuerzas que intentan acabar con nosotros, tienen infiltrados a sus agentes en las más altas esferas de poder, tanto político, como militar, como religioso. Te fijaras que todas las religiones tienen puntos en común más de lo que una simple personas puede adivinar o pensar; pero estas, las religiones son manipuladas por unos pocos para llevar esas creencias a sus lados más oscuros.

- Vamos, que me estas diciendo o insinuando que el Papa es un enviado del mal, ¿es eso?, no me lo creo, eso son cuentos para niños. Estamos en pleno siglo XXI, Afganistan acabo como acabo y las guerras religiosas se libraron hace ya veinte años, Iuduan que estamos en el año 2036, como para decir que los culpables son los creyentes por dejarse embaucar por cuatro idiotas que se aprovechan de ellos.

- Sabes las últimas noticias del mundo Badoer, han muerto de millones de personas a causa de un tsunami, o eso es lo que las autoridades mundiales creen que ha ocurrido, la realidad es bien diferente. Ha estallado una guerra, y solo puede acabar de una manera para nuestros intereses, debemos vencer al precio que sea o la humanidad sera erradicada del planeta Tierra.


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